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12 de julio de 2012

Excentric Concentric

Primera obra dentro del proyecto PRISMAS CÓSMICOS
de Arthur Weil & Silvi Orión


El punto indivisible

En una dirección u otra, hacia arriba o hacia abajo, siempre queda lo indivisible: el punto.
El punto es la conciencia última, lo absolutamente heterogéneo. No es una representación, es sencillamente todo lo posible.

El infinito conocido es el viaje hacia ese punto y la muerte el abandono del pensamiento.

La mente universal será el punto, el único punto real. Del punto nace la creación y surge la morfología (variaciones sobre un tema, permutaciones, combinatoria divina). Su geométrica descomposición en fractales habilita la imagen del universo.

La tristeza es habitar lejos del punto, del propio centro. 

La mente individual a través del pensamiento tiende a la excentricidad. En esa tensión: dentro-fuera, lejos-cerca, bueno-malo, surge el sufrimiento, lo otro (exterior-dualidad) Éste es un producto de la desatención. 

El amor es la energía, algo que se aprehende intuitivamente. Nada tiene que ver con el “gustar” en su magnitud última, sino con el magnetismo que nace entre lo diferente y lo semejante. Es una inercia concéntrica que sólo la mente puede interrumpir (para nuestro escándalo). 

La visión del punto y las escalas en las que se proyecta son esenciales. “A mi imagen y semejanza”

"Entonces los apóstoles le dijeron al Señor: ¡Aumenta nuestra fe!" "Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza", les respondió el Señor, "podrían decirle a este árbol: 'Desarráigate y plántate en el mar', y les obedecería" (Lucas 17:5-6 - NVI).

La imagen: Sistema de progresión antagónico y a la vez simétrico el pliegue, de la evolución de dos sistemas: el tradicional y el moderno. El sistema concéntrico y el excéntrico revelan la identidad del sentido con que una cultura habilita el conocimiento. Pero puesto que el punto es lo único posible, ambos diseños son aspiraciones, a través de escalas evolutivas, de alcanzar el LOGOS. Un primer impulso tiende hacia fuera buscando en la alteridad su propio sentido, la aprehensión de lo absoluto, hasta que cae en la cuenta de que el TODO sólo se puede abracar desde el UNO. En ese momento se produce el punto de ruptura, la crisis que le lleva a iniciar el camino simétrico de regreso. Un camino tortuoso, de desasimiento, donde la pérdida y la confusión serán síntomas habituales. En ese camino de regreso a su propio origen, el punto, cuanto más se va acercando uno, mayores son las fuerzas que surgen como oposición (oposición a la representación, a lo simbólico, a la identidad y al yo individual). Como quien quisiera llegar al corazón de un tornado y la dificultad en cada paso fuese exponencialmente mayor. Pero ese punto (origen y final, uno y lo mismo), la conciencia universal, es el único espacio de verdad existente. 

Éste es el camino del místico, del hombre espiritual en la búsqueda de Dios, el sí-mismo impersonal, el lugar más allá de la dualidad (de la conciencia individual/ego).


Tú y yo somos agua (Canciones de nadie)

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