Tiene ke parecer so taken from...

28 de enero de 2011

Susto de muerte

Lo último que hice conscientemente fue escribir en una nota del móvil “A mí siempre me pareció una barbaridad verte correr maratones”. Fue una frase genuina que me vino a la cabeza y decidí agarrarla porque se ajusta perfecta a lo que siento por mi padre y en especial guiño a las circunstancias de últimamente.

Es extraño. Me da la sensación de que esto ya lo he escrito, pero no lo he hecho, sólo he intuido que en algún momento iba a hacerlo.

Después, se abrieron las puertas del vagón en Tribunal y al ir a bajar noté lo que me estaba pasando (me ha ocurrido muchas veces, sobretodo en verano, pero no creía que iba a ser para tanto y tan rápido). De repente, “oh no, me quedo completamente en negro”. Recuerdo por instinto pensar “acércate a la pared” y ya no supe más, yo no hice nada.

El corazón me bombea más rápido contra la cama ahora al contarlo.
Estoy tumbada y mi mundo me ayuda a luchar contra el miedo, a no venirme abajo.


Oí que me gritaban “¡No te muevas, no te muevas!” y el fuerte ruido de lo que se me hicieron 1500 trenes darme su viento a la cara. Ahí fue cuando no entendía nada pero no me moví como me dijeron, había pasado un lapso de tiempo y con las manos en posición de defensa ante mi pecho gritaba “¡por favor, ¡socorro! Me ha dao un bajón de tensión, por favor, ¡estoy ciega! ¡no veo nada!”.

Horas más tarde me vinieron flashes de los golpes que me dí a oscuras. Del último resquicio de equilibrio y memoria. De no poder hablar y empezar a chocarme con la gente, con la papelera creo, un banco…

Me desperté como de un viaje en el desierto yendo en el maletero y ví a dos hombres jóvenes a mis dos laos mirándome, diciéndome algo, no les oía. A sus espaldas, un corro de gente a quienes no miré a la cara, incorporados a ayudarme, movilizando mi auxilio, llamando a la ambulancia.

Le dije al de mi izquierda, que tenía aspecto de indio o pakistaní, “tú me has salvado, te me has aparecido en sueños”; no dijo nada. Y al de mi derecha “qué ha pasado? Me he desmayado, me duele todo”. Me miró con mucha preocupación y me contagió, le dije “ya estoy recuperando la vista, sólo que sigo mareada”. Me dijo “tú no te muevas, tú sobretodo no te muevas, ya va a llegar el SAMUR, cómo te encuentras?”. Le dije que me dolían muchísimo las piernas e hice un débil amago de levantarme, pero no me dejaron.
Me dijo “cómo te llamas?”, yo dije “Silvia”, y él “vamos a ver Silvia, te acabas de caer inconsciente a las vías…”.

Mi vida fue lágrima.

Entré en estado de shock sin poder explicarme qué me había pasado, sintiéndome superestúpida y culpable, pensando en que me podía haber matado, que es lo más fuerte que me ha pasao en la vida y una pena terrible tapándome la boca recordando los vídeos youtube o de informativos de gente que se ha matado arrollada por el metro.


Una trabajadora de la Línea 10 vino sofocada de las escaleras a sujetarme la mano, aguantarme la mirada y prometerme que todo iba a salir bien, que lo peor ya había pasado, que ahora todos iban a curarme y pronto me olvidaría de esta pesadilla.
Tenía esa pinta de española guapa que me hizo sentirnos familia.
Se ocupó de guardarme bien la mochila y mis cosas en bolsillos con cremallera, y tenía las encías granate.

En cuanto se me pase el nervio al metro bajo a buscarla, a darle un abrazo y a lo mejor incluso le leo esto.

Vinieron los del SAMUR, perfectamente coordinados: uno pidiéndome que le apretara las manos y el otro brúscamente quitándome las botas. Me quejé porque me dolían muchísimo las tobillos y hasta entonces no lo había notado.

Seguía llorando y cooperando con lo que me decían, pero muy conmocionada. Vagones llenos de gente apeándose siguieron su marcha a nuestro lado en el propio andén, y yo y mi escándalo. Ningún ojo paraba quieto en ningún sitio.

Me sacaron sangre, hice algo de gimnasia elemental, me pusieron collarín (seguramente no por este orden), me examinaron, y mientras me aseguraban que todo estaba bien “venga arriba el ánimo, campeona”, me ataban con cintas naranjas a la camilla en lo que me pareció una mala analogía o una ironía desquiciada: salir por las escaleras del metro Tribunal por donde tantas veces he subido haciendo el loco o con ganas de hacerlo, histérica en esta última camisa de fuerzas. Muy significativo. Cacé las señales.

Todos a los que íbamos dejando atrás me despedían con garra y que a ver si nos tomamos otro día un café o algo, que ya había pasao el susto, que tranquila nena.
Yo seguía bastante aturdida, sentimientos encontrados sin saber la que se me venía encima, pero con fuerza interior dándome cuenta de que físicamente estaba bien menos por algunas dolencias superficiales, pensando en reaccionar con algunos cambios vitales, pensé en borrar a unas 100 personas de Facebook, en comer mejor, en salir a correr para no ser tan debilucha, y a la vez, en que amo la vida que llevo y llevo la vida que amo, que mi familia me siente en sus corazones y paz encarando la muerte, sin nada pendiente pero gracias a Dios soy una chica con suerte y aún me queda tanto por hacer: besar a un kanguro en la frente.

Otra de las sensaciones más fuertes, después del amor a la Humanidad que me ha salvado, el orgullo de Madrid y una sociedad de superhéroes en la que nadie va a permitir que me pase nada, que somos buena gente y estamos en buenas manos…
fue que, por alguna razón que desconozco, he venido al mundo a ser artista, que ese es mi destino y pese al tiempo de tormento, soy una chica feliz y estoy satisfecha.

Camino al Hospital de la Concha me acordé de mi primo. Él trabaja en esto, son admirables. Los enfermeros bromeaban para que se me pasase el sofoco con lo que parecían sus 4 chistes rutinarios y aunque eran muy majos, siento decir que no me hizo ni puta gracia cuando preguntaron cuándo cumplo años. “El 15 de Octubre”, les dije, y ellos “pues ahora el 26 de Enero”. Me pareció una mierda, pensé que los hombres eran gilipollas y llamé a mi madre.

No quise darle todos los detalles para que no se la pegara ella en el coche. Sólo que me había desmayado y había tenido un accidente. Que le pasaba al enfermero.

Horas de hospital con dolor, radiografías, pulsaciones, scanner cerebral (pensé en Mar adentro), y mi madre y mi padre y mi hermana al teléfono, y un calmante, y lágrimas verticales de suero. El peor sufrimiento fue saber que mi madre ya había llegado pero no la dejaban pasar todavía, y estaba en observación pero -por primera vez después de todo esto- sola. Dándole vueltas a la situación, tan horrible; volviéndome loca.

Había salido de casa de Escan a las 12h. En la noche vimos dos pelis findelmundistas que se me entremezclaron con el kalimotxo y los porros, ya no las recuerdo. Normalmente me gusta volver andando de Lavapiés a Malasaña, pero hacía tanto frío que cogí el metro.
La última canción que había escuchado fue una versión flamenquita de “The way you make me feel” y nuestras risas.

El desayuno es la comida más importante del día; se dice en todos los idiomas, lo sabe todo el mundo. Yo no había desayunado, y al café se nos olvidó echarle azúcar.

Me dieron el alta a las siete de la tarde más o menos. Inmediatamente al llegar merendocené sopa de cocido y hamburguesa. Vinieron Nadia y Henry a darme un abrazo. Por fin hubo ojos quietos. Hubo miradas. Estábamos en casa.


Me bañé bubble-bath como un animal herido en agua oxigenada y dormí con mi osito de peluche comprado con mi primera paga de cuando se me cayó el primer diente en Estados Unidos a los 4 años y mi madre en la cama nido de donde nació Orión, en mi templo-cuarto.

Pasé mala noche. Imágenes como trenes que me perseguían, miedo en el cuerpo y el temor a que este puto susto de muerte me desestabilizara.

Hoy mi madre y yo hemos hecho pellas. Me ha traído el desayuno a la cama, he leído el Vanity Fair con Álex de la Iglesia en la portada, dolorida y cargada de opiniones, procurando distraerme, continuando proyectos, aprendiendo a hacer risotto (ella me ha enseñado), resoplando aleluyas y prometiéndome recuperar enseguida la confianza.
Y me he comprado una planta.





Versión blueserilla (ahora que la vuelvo a escuchar)
de “The way you make me feel”
http://www.youtube.com/watch?v=TifoUzFBdLU


Agradecimientos:

a mamá, por absolutamente todos los segundos a mi lado

a papá, por decirme que estoy viva

a Nadia, por venir a abrazarme y mirarme que coma

a Henry, por su aura de buenazo

a Turo, por cerrar el círculo que me hace sentir arropada



Epílogo:

Ahora mismo ya me siento recuperada, segura de mí misma y preparada para seguir. La casa en la que me he criado, el mejor balneario.

7 Comments:

Blogger Gloria said...

confusa y consternada... y algo preocupada

1/28/2011 6:28 p. m.

 
Blogger tayler durden said...

oye tú, te voy a tener que dejar en la puerta de casa la proxima vez. vaya susto joder, me acaba de llamar sol contandomelo. avisame de estas cosas coño, que dos días después y aqui estaba a mi rollo. queda (se levanta el acta) un risotto a medias, con postre y café con azucar, y si quieres hacer footing me pongo el chandal, que yo ya sabes que a correr salgo.
hablamos. te llamaré. cuidate.

1/28/2011 7:59 p. m.

 
Blogger Enea said...

Joder vaya susto. Me alegra leer el epílogo. Cuidate mucho guapa.

1/28/2011 10:02 p. m.

 
Blogger d said...

Joder Silvi!
Qué susto! Espero de corazón que estés bien.
Me pasó algo parecido hace años. Me sirvió para estar seguro de que quería vivir.
Muchos besos!!

Dani

1/30/2011 8:03 a. m.

 
Blogger . said...

No vengo a leerte para que me des estos sustos. Ay.

Ahora descansa. Y vuela, que sé que sabes.

Que esa comida que nos debemos no tarde, que esto ya no puede ser. Voy yo a verte a donde haga falta.

PD: El risotto de calabaza con setas es mi especialidad.

Beso.preciosa.peter.pan.

Elia

2/01/2011 12:59 p. m.

 
Blogger Lucia said...

Joder... no lo había leído hasta ahora... :S

2/09/2011 5:15 p. m.

 
Blogger Mur said...

http://murmurllos.blogspot.com/2011/02/susto-de-muerte.html

2/11/2011 8:23 p. m.

 

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